jueves, 16 de mayo de 2013

En llamas

Me ha tomado la mañana entera encontrar todos los manuscritos. La torpeza de mis movimientos no me ayuda, mi espalda necesita recargarse sobre la pared para descansar y buscar un lugar seguro para los que nunca fueron ni serán Pedros Páramos o Llanos en llamas: no existe. Las hojas que los forman, regadas entre los libros más discretos de mi biblioteca, en la caja fuerte, el closet, incluso debajo de mi almohada, son vulnerables a ojos distintos a los míos. En medio de la sala formo un pila con las hojas que junté; la flama de un cerillo bastará para volver las historias invisibles. No tengo otra opción. Me doy la vuelta para no ver arder las llamas de esas novelas de Juanes y Marías, que nunca llenaron ni mis propias expectativas. ¡Viva el de hondura inventiva, acierto y novedad expresiva! ¡Viva el poseedor de una alta calidad estética en su narrativa! ¡Viva el pionero del realismo mágico! Yo, el de Sayula... Rulfo.

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