Despierta. Una gota de sudor se resbala y cae sobre el piso más alto de la estructura de madera que lo exhibe. Sentado. Ve de reojo a la multitud que despide humores verdes, listos para quemarlo vivo, si pudieran. Se ríe de ellos en sus adentros.
"Confiese sus pecados" "Jamás he cometido uno solo".
jueves, 27 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Bombas de chicle
El blanco de la pared de repente se interrumpe por el paso de un ente de baja estatura, de ojos tan negros, tan inocentes. Su cabello, libre de las dos trencitas que casi a diario su mamá le peina, ahora se adorna con un moño morado que cubre un costado. “Ya sé hacer bombas de chicle”, para la trompa y me dice muy ufana con su voz pueril, abre la bolsa de dulces y me pide que tome un chicle. Es un reto. Lo acepto y me preparo para la competencia. Al la cuenta de tres comenzamos a soplar. La bomba, que primero cubre sus mejillas regordetas, crece, crece y crece y parece cubrir su carita completa. Batalla perdida. Crece, crece y... su cara cubierta de chicle no le impide soltar una carcajada que me contagia. “Llévame a jugar con la bici”. Finjo que no la escucho; que su mamá la atienda. “Llévame a jugar con la bici”. Que alguien más la atienda. “Llévame a jugar con la bici”. No. “Llévame...”
Esos ojos suplicantes y humedecidos. Tomo la bicicleta y la mano de la niña. Nos vamos al parque.
Esos ojos suplicantes y humedecidos. Tomo la bicicleta y la mano de la niña. Nos vamos al parque.
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