lunes, 15 de noviembre de 2010

Frontera

Miramos los caprichos del paisaje a través de la ventana del camión. Nos olvidamos de nuestras piernas, de la sed, de los chillidos del bebé de la señora de enfrente, del olor a tristeza que despedían los demás cuerpos. Miramos y ahí estaban dos ancianos con la ropa de tres días intentando tomar el fresco; al lado, un perro que mordisqueaba los restos de una muñeca de trapo. Miramos por la ventana y ahí estaba nuestra tierra como despidiéndose. Hipócrita. Salimos un... algún día por la noche y llegamos un martes a medio día. Frontera.

“Tía, ¿entonces ya me voy a quedar del otro lado? Tía, quiero cantar: Mexicanos al grito de guerra...”

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