martes, 27 de abril de 2010
El bolso
“Cabrón” fue lo último que me dijo con palabras, arrojó al piso su bolso de lentejuelas y se fue. ¡Pero que tal con la miradita que me echó! Si las miradas mataran como dicen por ahí, quizá habría muerto unas siete u ocho veces, creo que más. Para mi suerte sólo matan los años, las armas, los descuidos, las decisiones, pero ¿las miradas? A las miradas les das la espalda o las ignoras y listo, ni un deceso; además, casi estoy seguro de que regresa. Bien que las conozco, ahorita está preocupada por recuperar su dignidad perdida varios metros bajo tierra, luego lloriquea un rato, saca su vestidito largo y floreado, consigue un empleo mal pagado, el dinero, sus hijos, las drogas, las deudas, la renta. “Toma tu bolso y píntate los labios que hay clientes”
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