jueves, 22 de abril de 2010

Del Norte

Desde que lo conocí, cuando aún me limitaba a hacer garabatos multicolores en cuadernos usados, cuando las interrogantes ingenuas invadían mi torpe discurso y los problemas del mundo estaban lejos de acongojarme, no por indiferencia sino por mera ignorancia, me habló por primera vez sobre las luces del Norte. Me apena pensar que aquellas melancólicas palabras no tuvieron significado alguno en mí, y aunque puedo excusarme, al ver que el abuelo lloró, preferí armar el intrincado rompecabezas.

Recuerdos. La figura aviar que exponía al foco incandescente, para luego admirar absorto su luz hurtada extinguirse. La captura nocturna de los ínfimos insectos voladores emisores de luces parpadeantes en el patio de la casa de la abuela. Hipnosis. Los faros de la calle que sin explicación alguna prendían justo al caer la noche. Ironía. Y es que las luces son el escueto recuerdo de mi ya lejana infancia.

Dicen que su origen está en el Sol, un extraño viento que atraviesa el espacio vacío hasta chocar con minúsculas partículas, que se aturden y se excitan, y que muestran diferente rubor. Violeta, rojo, azul, verde en negro fondo, danzando sublimes, se funden, se besan, se alejan, cambian, mueren con el amanecer. Dicen que cuando las ves no parpadeas. Dicen que cuando las ves tu corazón se detiene.

Voy camino a las luces del Norte, esas mismas de las que habló el abuelo cuando yo era niño, esas mismas de las que escribió antes de morirse.

1 comentario:

  1. Desde la primera vez que lo leí me fascinó, aún lo sigue haciendo... :D

    atte. Dafné

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