martes 6 de marzo de 2012

Nereidas

Descubro entre la multitud el rojo de la flor que adorna tu cabello recogido. Sólo una mirada y ya no quiero más que contemplarla, como si la flor misma me hubiera hablado y ordenado seguir su olor hasta ti: hipnosis. No es la flor, es la blancura de tu pelo que la enmarca. Tus movimientos te ocultan por instantes entre los sombreros, los bigotes grises, los sacos parchados de los desconocidos y las zapatillas de tacón breve de sus acompañantes. Sigues ahí, basta abrirme paso entre los abanicos que agitan las damas al ritmo de la música de la orquesta. Visto desde arriba, tu baile dibuja un cuadrado perfecto sobre el piso de piedra de la explanada. No soy el único que te mira, otros te contemplan sin atreverse a acortar la distancia y ver de cerca la flor, el blanco, tu piel cortada que en algún tiempo fue de porcelana, el vuelo de tu vestido que ostentas con elegancia y cubre tu figura abultada. Por fin estoy frente a ti, tú tan coqueta. Una tarde de domingo como cualquier otra, lo dudo. Una tarde de domingo como la de aquél octubre de hace más de cuarenta años, cuando por primera vez me deslumbraste y no tuve el valor de darte la mano y pedirte una pieza. “¿Bailamos?”. Te tomo de la cintura y nos perdemos entre las demás parejas.

lunes 13 de febrero de 2012

Silencio

Tirado en el suelo, con los ojos vendados y las manos fijas detrás de mi espalda me resulta imposible moverme, mucho menos determinar la magnitud del espacio que me envuelve. Imagino que es una habitación estrecha porque percibo mis propios humores. Llevo aquí días. En mi cabeza, dos objetos ocupan mi canal auditivo e impiden que las ondas de sonido, desde el caracol que forma mis orejas, hagan vibrar mis tímpanos y así escuchar siquiera el sonido de mi respiración. Sólo estamos tú y yo.

jueves 20 de octubre de 2011

Llorar

Fue en la selva, en la amazonia ecuatoriana. Los indios shuar estaban llorando a una abuela moribunda. Lloraban sentados, a la orilla de su agonía.Un testigo, venido de otros mundos, preguntó:
-¿Por qué lloran delante de ella, si todavía está viva?
Y contestaron los que lloraban:
-Para que sepa que la queremos mucho.

Eduardo Galeano, de El libro de los abrazos.

domingo 2 de octubre de 2011

Postal

Recuerdo incluso la manera en que vestías aquél día. Desayunamos comida regional y una malteada en un localito. Olvidaste en el desayuno la postal que te traje de mi viaje. Fuimos a un pequeño museo donde contemplamos casi silenciosos la exposición fotográfica. Nos mirábamos en los reflejos de los cristales. Sonrisas contenidas. Caminamos por las calles poco transitadas. Tomamos café en un lugar donde parecían esperarnos. Mesa para dos; nadie más. Caminamos y caminamos y al final del día, cuando estaba por irme, rechazaste que te tomara de la mano.

En mi viaje compré unas cajitas decoradas que guardaban minúsculas figuras humanas de hilo. "Saque un muñequito de la cajita, póngalo debajo de su almohada y pida un deseo".

sábado 18 de junio de 2011

Interpuesta

Búsqueda: 11 de julio de 1991. Dos décadas. Una sombra de 270 kilómetros de diámetro proyectada sobre la esfera. Interpuesta. “Niños: hagan bolitas de papel amarillo y negro. El amarillo es para el sol, el negro...” No ocurrirá sobre el mismo punto en un par de centurias. Afortunado. “Si lo ven directamente se quedan ciegos”. Bolitas negras para la luna, una tras de otra hasta encontrarse. “Se quedan ciegos”. Prohibido mezclar los colores. Prohibido voltear a la cámara. Prohibido recrear un recuerdo distante a partir de la foto sepia que tengo en mis manos.

lunes 28 de marzo de 2011

Fragmentos/Recuerdos

Levanta al niño, para que lo vea: gordo o inflamado.
“¿Tía me cargas? no alcanzo a verlo”

Bajo las faldas del largo vestido azul intenso de su madre, el pequeño hace rodar las llantas de su juguete favorito: una grúa de colores vivos.
“¿Cuando va a nacer?”

Envuelto, en una cobija amarilla.

jueves 27 de enero de 2011

Veniales

Despierta. Una gota de sudor se resbala y cae sobre el piso más alto de la estructura de madera que lo exhibe. Sentado. Ve de reojo a la multitud que despide humores verdes, listos para quemarlo vivo, si pudieran. Se ríe de ellos en sus adentros.

"Confiese sus pecados" "Jamás he cometido uno solo".